Si bien nadie se atribuyó la autoría de los atentados, un grupo yihadista local con vinculaciones con el ISIS es el principal sospecho de ser el responsable directo de la cadena de atentados con bomba que ayer golpeó hoteles e iglesias de diferentes puntos de Sri Lanka y que dejó un saldo de al menos 290 muertos y casi 500 de heridos.
Se trataría del grupo yihadista local National Thowheeth Jama’ath (NTJ) que hasta ahora era conocido en ese país por perpetrar actos vandálicos contra estatuas budistas. A finales de 2016, uno de sus líderes fue detenido por incitar al racismo.
Según expertos en terrorismo, el NTJ es la rama del Estado Islámico (ISIS) en Sri Lanka. Su objetivo es difundir la yihad global. Hay que tener en cuenta que el 10% de la población de Sri Lanka (con 21 millones de habitantes) es musulmana, mientras que los cristianos representan el 7%. La gran mayoría del país es budista. En los últimos años, la influencia de las ramas más extremistas del islam (el salafismo y el wahabismo) ha crecido entre la comunidad musulmana.
Por su parte, según información de prensa, la formación budista ultranacionalista Bodu Bala Sena ha instigado el odio hacia los musulmanes y cristianos.
La masacre de ayer podría haber sido aun peor: hoy la policía encontró 87 detonadores escondidos en la principal estación de micros de Colombo, la mayor ciudad del país, mientras un artefacto hizo explosión cuando un equipo de expertos intentaba desactivarlo justo en una de las iglesias atacadas la víspera. Las autoridades han impuesto el estado de emergencia ante el temor a nuevos ataques.
Sri Lanka, no sufría un ataque de estas características desde 2009, año en que terminó la guerra civil que duró casi tres décadas y que enfrentó al gobierno y a la minoría hindú tamil (Tigres Tamiles).
El primer ministro del país, Ranil Wickremesinghe, dijo horas después de los atentados que las autoridades habían recibido información de otros servicios de seguridad sobre posibles ataques, pero reconoció que «no se había prestado suficiente atención» a la amenaza.
Por su parte, el Departamento de Estado de Estados Unidos ha advertido de que “grupos terroristas” podrían estar planeando nuevos ataques, especialmente contra los lugares más turísticos, centros de conexión de viajeros, hoteles, lugares de culto religioso y centros comerciales.
La gran mayoría de los muertos son locales, incluidos decenas de cristianos que se encontraban en las tres iglesias (dos católicas y una evangélica) donde estallaron las bombas. Según el Ministerio de Exteriores del país, 36 de las víctimas mortales son extranjeros.
Esta matanza terrorista golpea a un país acostumbrado a las tensiones religiosas pero que en los últimos se han exacerbado, sobre todo, por la influencia externa. Los expertos ven en el modus operandi utilizado ayer el ADN de los ataques yihadistas en Medio Oriente y en el sudeste asiático.
Algunos ejemplos: en enero de este año, ISIS reivindicó un ataque que mató al menos a 20 personas en una iglesia en Filipinas. El ataque también tuvo lugar un domingo, cuando los fieles estaban reunidos para la misa. En mayo de 2018 ISIS asumió la responsabilidad de los ataques a tres iglesias en Indonesia y en 2017, durante el Domingo de Ramos, ISIS mató al menos a 49 personas reunidas para misa en dos iglesias en Egipto. También hay otros grupos islamistas que operan de esta manera.
