El gobierno estadounidense se encontraba prácticamente paralizado desde el último sábado debido al “shutdown”, por el cual todas las funciones no esenciales fueron suspendidas a raíz de la falta de acuerdo sobre el presupuesto destinado a la administración pública. Como el Congreso no aprobó dicho presupuesto, no había partidas para pagar los sueldos de los empleados, y por ende los que desarrollaban tareas secundarias fueron enviados a sus casas, dejando en stand by el funcionamiento del estado.
El acuerdo dependía de la negociación que venían llevando adelante demócratas y republicanos, en la que entraba a jugar una cuestión clave: los “dreamers”, las 800.000 personas que entraron en Estados Unidos como inmigrantes indocumentados cuando tenían menos de 16 años, de la mano de sus padres, y que desde 2014 poseen una residencia temporal. Los demócratas condicionaban la aprobación del presupuesto a la resolución definitiva de este conflicto, que se disparó cuando Trump meses atrás instó al Congreso a resolver la situación antes de marzo de 2018 para evitar la suspensión de dicho programa.
Finalmente, los demócratas accedieron a aprobar una ley que habilita el funcionamiento habitual del estado, pero solo hasta el 8 de febrero. En ese plazo, los republicanos se comprometieron a presentar un proyecto que resuelva el problema de los dreamers. Sin embargo, todo indica que los legisladores de Trump poco harán por la cuestión y que más allá de que cumplan con dicha presentación, generarán las condiciones para no tomar resolución alguna y que sea su presidente quien la defina. Así, se dispara un conflicto interno en el seno demócrata, que puede ser el puntapié inicial de la campaña interna de cara a las elecciones de 2020.
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